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Las reserva naturales urbanas: ¿Utopías de urbanismo sustentable o apropiación privada de bienes comunes?

November 22, 2014

Artículo publicado en el periódico digital La voz de Cipolletti

 

 

La profundización del conflicto por las reservas naturales urbanas en San Carlos de Bariloche, que se conocieron en el mes de octubre  por varios medios regionales,  no hace más que poner sobre el tapete una tensión de larga data: la construcción participativa de herramientas de gestión para la conservación de los bienes comunes por un lado y los intereses inmobiliarios y la cuestión del derecho de propiedad con deber ciudadano, por otro.  Representantes de varias reservas naturales urbanas en la zona oeste del ejido urbano, reclamaron al municipio que cumpla con las ordenanzas que dieron origen a esas áreas protegidas y que "acelere la confección de los planes de manejo y su aprobación", como única forma de poner fin a las "presiones y actos agresivos" que atribuyeron a "grupos minoritarios". El planteo se contrapuso a la polémica surgida en torno a la Reserva Natural Urbana Las Cartas, en la que un grupo de vecinos manifestó su rechazo al estatus de protección concedido al área, argumentando que "...no quieren ningún plan de manejo que "avasalle los derechos de propiedad...".

 

Estos conflictos son en buena medida derivados de la movilidad de personas en búsqueda de nuevos estilos de vida en los centros de montaña de los Andes Patagónicos,  que ha ido creciendo de manera rápida desde los años '80. El fenómeno de la migración temporaria de personas motivadas por valores asociados al ocio o no asociadas a lo económico, se ha observado en muchos lugares del mundo y puede posicionarse como una forma de movilidad por estilos de vida, ya que incluye la búsqueda de "un mejor estilo de vida" (Benson & O’Reilly, 2009). Estos procesos de movilidad otorgan nuevas funciones e identidades a los destinos turísticos tradicionales. Es así que surgen en estas ciudades un doble proceso de convergencia de turismo y desarrollo residencial que plantea a estas localidades devenidas en turísticas, el desafío de imaginar formas de hacer ciudad que logren hibridar divisiones muy marcadas en la modernidad, tales como: ciudad-naturaleza, cotidianeidad-vacaciones, uso-conservación.

 

Las Reservas Urbanas surgieron en muchos Códigos Urbanísticos en los años 80 en nuestros destinos turísticos de montaña, con el propósito de disponer de reservas ecológicas dentro de los espacios urbanos. El devenir de los tiempos de localidades que tienen una dinámica migratoria muy alta pone en tensión las necesidades de “habitar” (viviendas) versus las necesidades de conservación de los llamados “bienes comunes”, tales como los bosques, las riberas de ríos y lagos para las generaciones futuras y de contar con espacios para el “uso público”, es decir lugares para la recreación diaria, de fin de semana. Esa tensión se hace crítica cuando la creación de suelo urbanizable avanza sobre los propios atractivos turísticos, ya que el paisaje es en muchas de estas ciudades la principal razón que motoriza los viajes.

 

Las prácticas especulativas potenciadas por el mercado inmobiliario son una de las principales razones de esta pérdida de Reservas Naturales Urbanas, y a la larga de los bienes comunes y de uno de los principales factores de atractividad turística. En la mayoría de los casos estas prácticas especulativas operan mediante la construcción de lobbies para cambiar figuras de Reserva o suelo rural a otras que les permitan obtener los indicadores urbanos para generar suelo urbanizable.

Entonces si bien el mercado no es “el enemigo” debe tenerse en cuenta que opera bajo la lógica de maximizar ganancias. Por lo tanto, no hay forma de que el mercado inmobiliario funcione bien sin una importante intervención del Estado. Si se deja en manos del mercado el crecimiento de los destinos de montaña, atravesados por procesos de migración por búsqueda de calidad de vida, cada vez vamos a tener menos acceso a los bienes comunes, tales como los bosques, los ríos y lagos que se van a ver afectados.

 

Entonces para ello residentes y turistas se considera debieran ver en las Reservas Naturales Urbanas oportunidades para practicar el saber ancestral del buen vivir. En principio porque son una categoría de manejo que ofrece una oportunidad para mixturar usos residenciales, recreativos y de conservación.

 

En segundo lugar porque muchos de ellos no son producto de una decisión del Estado, sino que son gestados con altos niveles de participación ciudadana como procesos de resistencia urbana organizada para defender no sólo el patrimonio común intergeneracional, sino para defender formas de vida en comunidad.

 

En estos casos el turismo se constituye en un aliado perfecto para potenciar proyectos para el desarrollo de senderos y espacios recreativos en estas Reservas Naturales Urbanas que originalmente fueron pensadas como lugares de conservación del paisaje original. Así el diseño de estos lugares para vivir la naturaleza “cerca de casa” posibilitan construir oportunidades un uso no consuntivo de la naturaleza como hacer caminatas, observar aves, descubrir procesos de la dinámica del paisaje en las distintas estaciones del año, constituirse en aulas al aire libre para la educación ambiental de los niños y de todos los interesados en aprender más sobre las características de los paisajes de montaña, sino también para habitar de manera más estrecha con la naturaleza.

 

Lo que si debe ser dicho, es que estas formas de habitar en la naturaleza tienen sus costos. Los costos pueden ser los de no tener los servicios de la ciudad o bien tenerlos a un precio más elevado. Porque también es cierto que en las ciudades de montaña con áreas de alto valor patrimonial, los paisajes se han convertido en un comodity, es decir un bien transable en el mercado,  que como hemos enunciado cada vez es más escaso. Si bien el paisaje debiera ser entendido como un bien de uso, el mercado inmobiliario en su lógica especulativa apropia el valor diferencial de las buenas vistas y lo convierte en un bien de cambio generando productos urbanos que plantean posiciones preferenciales para disfrutar del mismo.

 

La creación de valores públicos a través de la creación de áreas urbanas de conservación de los bienes comunes (las Reservas Naturales Urbanas) responde a un esfuerzo colectivo público  y privado. Desde nuestro punto de vista estos valores generan plusvalías urbanas que deben ser recuperadas para la comunidad. Estos mecanismos se sustentan en la noción de que la propiedad supone deberes y derechos –en relación con la función social- y en la separación del derecho de propiedad y del derecho de construcción.  Esto significa que el propietario tiene derechos exclusivos sobre la tierra pero no atribuciones ilimitadas en materia de uso, ya que estos están sujetos al cumplimiento de una serie de condiciones, fijadas por la normativa urbana y en el caso específico de las Reservas por sus Planes de Manejo.  En la esfera económica, la literatura demuestra que esta intervención del Estado en la administración del uso de suelo con alto valor patrimonial no afecta las decisiones de inversión, y que por el contrario puede fomentar un uso que genere más valor en el largo plazo.

 

Pensemos cuando viajamos a Europa y vemos con satisfacción el desarrollo urbano armónico de las principales capitales europeas, con altos porcentajes de áreas para el uso público, debemos de entender que detrás de esa realidad hay una fuerte regulación de la propiedad privada, cuestión que es un denominador común en todos los países desarrollados.

 

La Reserva Natural Urbana de Las Cartas en San Carlos de Bariloche es un ejemplo que hoy plantea la tensión aquí descripta. Porque no permitir entonces consolidar ejemplos de realización que posibiliten a los municipios, que incluyen áreas de alto valor patrimonial donde  la población ha trabajado para construir herramientas de gestión para su conservación, en avanzar en formas de ejercer el derecho de propiedad con deber ciudadano? Avanzar en este sentido posibilitará destinos turísticos no sólo más competitivos sino más inclusivos.

 

 

Dr. Adriana M. Otero
Directora Centro de Estudios para la Planificación y Desarrollo Sustentable del Turismo (CEPLADES-Turismo).
Facultad de Turismo. Universidad Nacional del Comahue

 

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